Ana Caruncho

Ana Caruncho

 

Siempre he sido un culo inquieto, para que nos vamos a engañar. De adolescente trabajé como azafata y profe de clases particulares, pero pronto descubrí mi vena artística. Disfrutaba haciendo de payasa y bailarina, y hasta hice mis pequeños pinitos como relaciones públicas, aunque al final… tanta farándula para acabar licenciándome como Bachelor in Business Administration por la Escuela de Negocios Caixanova. Sabía de sobra que lo mío era el marketing y no la auditoría así que, para que constase en acta, me fui a Polonia a la Poznań University of Economics a realizar el curso de verano sobre marketing y comercio internacional.

 

Después de una pequeña parada en Valladolid para mi primer trabajo “serio”, tuve la gran suerte de estar en el lugar correcto en el momento adecuado y acabé siendo la directora de marketing del grupo Cenor durante más de 7 años. Mis inicios en el universo de las lavadoras no fueron precisamente fáciles, pero me enamoré perdidamente del proyecto y -como me va la marcha- me marqué el reto de desarrollar el departamento. Empecé con el refreshment de la imagen corporativa, trabajando mucho la parte de trade en las casi 200 tiendas que había en ese momento. Estrategia, plan de marketing, reconocimiento de marca, comunicación corporativa, presupuestos, campañas, proveedores, patrocinios, RSC, relaciones institucionales, eventos…

 

¡Qué os voy a contar! Ser una chica para todo fue mi mejor universidad. Gracias a todo esto, tuve la oportunidad de conocer a los principales referentes de nuestra comunidad -y parte del extranjero- en lo que a marketing, comunicación, creatividad y medios se refiere, y de aprender de todos y cada uno de ellos. Incluso participé de los inicios de Markea, la Asociación Galega do Marketing, en la que a día de hoy soy directora. Se podría decir que soy bastante espabilada, pero sobre todo soy una suertuda.

 

Sin embargo, un día me desperté y tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida. Me di cuenta de que había quemado una etapa, que lo había dado todo y que Cenor siempre sería mi bebé, pero que había llegado el momento de hacer un cambio de esos que trastocan tu mundo. Así que lo dejé todo y me fui a África, y viví la increíble experiencia de viajar a Uganda para colaborar como voluntaria en Malayaka House durante unos meses. Como os podéis imaginar, eso me cambió la vida. Tanto en lo personal como en lo profesional. Regresé siendo más yo que nunca, con las pilas cargadas y muchas ganas de todo. Y, por si acaso de vez en cuando se me olvida, intento volver siempre que puedo para recordar qué es lo realmente importante en la vida.

 

Feliz de vuelta en mi querida Galicia -rodeada de los míos, con las cosas claras y la cerveza bien fría- tomé la decisión de empezar mi propio proyecto. Y aquí estoy, disfrutando de los días salvajes hasta que suba la marea. Me encanta mi trabajo y el destino ha querido que gente que mola mucho se haya ido cruzando en mi camino, no podía darse una combinación más perfecta para que los planes saliesen bien.

Date

enero 30, 2020