Mauro Picatoste

Mauro Picatoste

 

Mi apellido es Picatoste. El segundo, Bobillo. Con eso está todo dicho. Pero como es poco, voy a seguir diciendo cosas. Nací en Vigo, aunque el trabajo de mi padre nos llevó por Lalín, Ponteareas y Gijón hasta volver. Eso de ir y volver es muy mío. Supongo que es lo que te da el mar, que siempre tienes la maleta abierta, por mucho que quieras quedarte anclado en tu puerto. Haciendo el cálculo, me he pasado más años fuera de Vigo que viviendo aquí, pero cada uno es de donde nace, pace y quiere.

 

Desde pequeño me gustó el teatro y la música. Y es que el árbol genealógico ramifica en artes, así que, por defecto de fábrica, siempre intento izar la vela creativa, aunque el viento me diga que no es el momento. En mi casa, las cenas de Navidad eran concursos de relatos; y la de Fin de Año, programas especiales en directo para amenizar (o incordiar, según se mire) el tiempo que pasaba desde las uvas hasta que la casa se iba quedando vacía. De ahí, supongo, me viene lo que me viene.

 

Estudié Derecho en Santiago de Compostela. Por error y por suerte. Así, un día, me desperté sabiendo qué no quería hacer. ¿Y qué quería? Coger todas mis aficiones y vivir de eso. Abrimos la batidora e introducimos: fútbol, escribir, música, películas, libros, radio, dibujar… Salió Periodismo como podía haber salido “déjate de tonterías”. Así que terminé Derecho mientras empezaba en Madrid un segundo ciclo que me llevó a hacer prácticas por medios de todo tipo hasta llegar la llamada. Al descolgar, me ofrecían un contrato temporal en Cuatro, que se convirtió en otro en Canal Plus y, a lo Tarzán, de liana en liana, me pasé seis años increíbles trabajando para El Día Después.

 

Las pausas de los contratos también me acercaron a las agencias de medios. Y, en plena espera por saber qué me depararía el futuro y tras cancelarse un traslado a Granada, apareció la radio. M80 estrenaba un morning con Juan Luis Cano y buscaban redactor. Allí, él me bautizó como el “Adalid de la información”. Sí, con el tono más sarcástico del mundo. Aprendí a guionizar la radio para que sonase como la radio y a defender mis secciones más absurdas en directo. De ahí, al Hoy por Hoy que estrenaba Toni Garrido. Poco pude saborear, porque a los cuatro meses de llegar, tuve que regresar a casa.

 

Lo hice también a la radio. A RadioVigo, donde estuve dos años de aprendizaje (más) del medio y con un contacto mucho más directo con los oyentes, los entrevistados, los que llaman y los que piden. Hoy por Hoy Vigo, en el estudio, en la calle o donde se terciase; la Ventana Metropolitana, conociendo la intensa vida de la comarca que rodea la ciudad; política, sociedad, cultura, deportes… Al lado, Televigo, poniendo cara a informativos y programas de salud, además de voz y redacción a reportajes y actualidad.  Mirando a la ría, remando con pirañas y haciendo una parada con nombre Lola, la luz de un faro me deslumbró. Fue después de unas cañas. Ondinas se convirtió en el escalón perfecto para seguir subiendo, para seguir aprendiendo, y para seguir conociendo.

Date

enero 15, 2020